03 Oct Cuatro navajazos
Necesito recordar
que empecé a olvidar quién eras
y a no aceptar ya que fueras
femenina y singular,
una sirena en el mar
de mis dudas, con certeza,
la reina de la rareza,
picante en un mundo insulso,
la arritmia que entró en mi pulso
y lo puso de cabeza.
Y al mirarte no te vi
ni vi que ya había olvidado
que teniéndote a mi lado
llegué a olvidarme de ti.
Y al escucharte sentí
solo las palabras mías
tapando las que decías,
un crepitar de puñales
abriendo heridas mortales
y un cortejo de agonías
agarradas de los brazos.
Y los cuatro navajazos
solo fueron la advertencia,
dispuesto a dictar sentencia
un quinto me haría pedazos.
Es preciso no olvidar,
aunque solo fue un momento
que en un corto pensamiento
podría llegar a ignorar.
Es tan difícil cambiar
todo el peso que arrastramos,
lo importante que aplazamos,
las heridas que escondimos,
los te quiero que perdimos,
los silencios que callamos.
Y al escucharte sentí
solo las palabras mías
tapando las que decías,
un crepitar de puñales
abriendo heridas mortales
y un cortejo de agonías
agarradas de los brazos.
Y los cuatro navajazos
solo fueron la advertencia,
dispuesto a dictar sentencia
un quinto me haría pedazos.