guapito de cara

Solo vemos lo que ya está en nuestra mente

Hace no mucho escribí una entrada sobre cómo el contexto influye en nuestra percepción. Lo que hay alrededor de cualquier elemento condiciona la imagen que nos creamos. Pero es evidente que no es lo único que afecta. Lo que vemos también se ve influido, y mucho, por nuestras expectativas y nuestras experiencias.

Sin entrar en demasiada profundidad sobre la naturaleza de la realidad, nuestro cerebro está programado para intentar explicarla y lo hace buscando en sus registros aquellos patrones que encajan con lo que percibe, igual que cuando leemos una palabra reconocemos su significado solo si lo conocíamos de antemano.

El perro que se hizo humano

Eso me recuerda una vez que iba andando por la ciudad cerca de un seto y percibí algo que se movía entre los arbustos. Inmediatamente pensé que se trataba de un perro. Hasta aquí todo bien, solo que poco después vi de reojo que se trataba de una persona que se incorporaba entre los matojos. Sin esta segunda información, por muy difusa que fuera, habría continuado mi marcha plenamente convencido de haber visto un perro, pero gracias a ella seguí caminando preguntándome por las razones por la que ese hombre estaba agazapado tras los matorrales.

Podría ser que estuviera satisfaciendo una necesidad fisiológica, o que se levantara de una borrachera que lo dejó durmiendo la mona en el primer sitio que encontró. Quién sabe, realmente todo ocurrió de forma poco nítida en un abrir y cerrar de ojos, pero fue suficiente para que la percepción de lo ocurrido pasara por varias interpretaciones.

Seguí la marcha pensando que si en ese momento volvía la vista atrás me arriesgaba a que la realidad volviera a cambiar. Lo que inicialmente era un perro se convirtió en un hombre satisfaciendo alguna necesidad, así que podía ocurrir que se transformara de nuevo en cualquier otra cosa, ya fuera un extraterrestre que se despojaba de su disfraz humano o un espectro que atormentaba a los paseantes.

Todo era posible, pero a pesar de las infinitas opciones que se abrieron ante mi mente, decidí conformarme con la imagen del hombre, de la misma manera en que un niño tranquiliza sus dudas con cualquier explicación.

Guapito de cara

Es curioso, porque hasta que no he escrito este recuerdo no he descubierto su conexión con la imagen que encabeza esta página. Una de las alumnas de un curso que impartí se dirigía a mí a veces con la expresión “guapito de cara”, la mayoría de las veces cargándola de ironía, así que decidí usarla para ilustrar la subjetividad de la percepción.

Quise que la ilustración tuviera trazos muy simples, por lo que empleé un rotulador grueso y un papel muy pequeño para asegurar una forma esquemática que evitara detalles innecesarios. La idea consistía en realizar un dibujo que fuera interpretado de distinta manera dependiendo del receptor.

El resultado fue el dibujo que puedes apreciar en la anterior imagen de la camiseta. Cualquier niño pequeño (y algún adulto) veía en él un perrito. E incluso aunque algún individuo no lo viera claramente al principio, era sencillo hacérselo ver. Y pese a que a algunos les pareciera que el dibujo podía tener elementos con una proporción extraña, aceptaban como válida tal interpretación.

Otros muchos, siempre adultos, veían en el dibujo el cuerpo de un hombre desnudo con los brazos a la espalda y un pene descomunal. Evidentemente esta explicación nunca procedía de un niño, ya que éstos carecían de ese patrón en su mente para poder identificarlo como tal.

La presencia en el texto de la palabra “cara” también ayudaba a condicionar la construcción mental de un rostro. Aunque “guapito” combinaba “gua” y “pito”, nombres infantiles de un perro y un pene, era una pista oculta prácticamente imposible de detectar. El sexo era un buen tema para estudiar la influencia de la experiencia en la percepción ya que es algo que se procura mantener apartado de la mente de los niños.

Una cerdada

O eso es lo que pensaron algunos al ver la siguiente prueba. En esta ocasión hice uso de un personaje ampliamente reconocido entre los niños pequeños. Al hacerlo me aseguraba de que ya tenían creada una interpretación de la imagen y que la tendencia de la mente a acomodarse en lo conocido les impediría ver más allá.

Cambié el término inglés “pig” por la traducción “guarra”, que en español puede tener matices algo más insultantes, así que sustituí la G por una W para dificultar la lectura entre los menores, ya que es una letra con poco uso práctico en español.

Me inspiré en una imagen en la que Peppa Pig estaba junto a su hermano George. En mi versión recorté la cara del hermano para mostrar solo su hocico y eliminé uno de sus orificios nasales. Aunque la modificación era muy sutil, fue más que suficiente para que lo que quedaba de George pudiera interpretarse como un pene en aquellas personas que ya tienen el patrón en sus mentes “sucias”.

La imagen resultante ofrecía una alta carga sexual, pero ésta era absolutamente invisible a los ojos de un niño pequeño y es que, como decía en el título, no podemos reconocer algo si no hay un patrón en nuestra mente que nos permita identificarlo.

Como extra, puedes descargar ambas imágenes en formato PDF vectorial y darle el uso que creas conveniente aunque con algunas limitaciones al respecto de la imagen de Peppa Pig. Al tratarse de un personaje cuyos derechos de reproducción y copia están actualmente en manos de su compañía, la copia aquí usada se ampara en varias figuras legales, entre las que están el derecho al uso justo como parodia y el derecho al uso “de mínimos” (que básicamente establece que la ley no se ocupa de nimiedades). Habiendo como hay miles de parodias en YouTube, y no haciéndose un uso comercial del personaje, parece razonable entenderlo así. En cualquier caso, al descargar cualquiera de estas imágenes se entiende que aceptas que solo le darás un uso personal y no comercial.