influencers e influenciados

Influencers e influenciados

Influencio Arístides tiene aproximadamente 20 millones de subscriptores en su canal de YouTube. Eso si, cuando lees los comentarios, encuentras pocas señales de vida inteligente. Muchos son tan tontos, que aunque hayan sido publicados por humanos, sus autores parecen incapaces de superar el test de Turing.

Muchas compañías han visto en Influencio una buena herramienta para cautivar a una legión de jóvenes que lo han convertido en un ídolo, así que ahora está estudiando una oferta que podría sumarse a los anuncios que ya ha hecho para Pony, Santa, Kit Rat, Vellogs, Comino’s Pizza y Oscar Rayer.

Las nuevas plataformas informáticas necesitan tener también sus propios ídolos y su propia mitología para poder competir con los medios de entretenimiento tradicionales. Para alimentar la leyenda se habla de los ingresos que obtienen algunos youtubers famosos, pero el sistema no podría funcionar sin la participación de millones de aspirantes anónimos. Casi ninguno gana nada, algunos pocos ganan una pequeña cantidad que no da ni remotamente para plantearse vivir de ello, y solo unas pocas estrellas (muy, muy pocas) pueden vivir a costa de todo esto.

Es verdad que los medios tradicionales han perdido credibilidad entre los más jóvenes, que no confían en los sistemas de comunicación clásicos, ni en las empresas, ni en los políticos… pero los han reemplazado por otros que, a pesar de presentarse como novedad o alternativa a lo antiguo, reproducen y multiplican todos los vicios y defectos de sistemas que ya parecían caducos hace tiempo.

Entre los subscriptores de Influencio hay montones de niños con edades cada vez menores, a los que no les ha dado tiempo a desarrollar una personalidad ni ideas propias sobre casi nada. Aún así piensan que pueden llegar a triunfar como él, ya que le perciben como alguien normal que hace vídeos desde su habitación, como ellos… y no les falta razón.

En la actualidad, las leyes en España imponen un límite de edad de 14 años para tener una cuenta de Google. Este límite oscila entre los 13 y 16 años según el país, pero en la práctica no existe ningún tipo de control sobre este tema y cualquier niño puede convertirse en mayor por arte y gracia del engaño digital sin que medie ninguna comprobación.

Cada vez hay más niños con móviles o tablets y cuentas propias, cuyas opiniones valen para cualquier plataforma tanto como las opiniones de un premio Nóbel. Porque si algo tienen las plataformas actuales es que centran su atención en la cantidad; es algo que les interesa y pueden medir con facilidad. La calidad es algo que por ahora no pueden cuantificar y como consecuencia la tratan con poca consideración.

Eso podría explicar algunas paradojas del medio digital. Por poner solo un ejemplo, en YouTube podrás encontrar varias copias de Ciudadano Kane, una obra maestra que sentó buena parte de las bases del lenguaje cinematográfico moderno, pero que en el mejor de los casos no llega a las 100.000 visitas, mientras que cualquier vídeo de recopilación de gatitos multiplica fácilmente ese número por 50.

 

 

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