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Deep Learning

Fue como criar a un hijo. Le entregamos las herramientas y le vimos crecer y desarrollarse. Alimentamos sus redes de neuronas con toda la información disponible, le dimos acceso a nuestros mensajes, nuestras imágenes y nuestras decisiones. Pronto, él mismo nos asistió en sus mejoras.

Nos ayudó a resolver problemas de salud, conflictos armados, distribución de recursos, sostenibilidad… Contribuyó a mejorar nuestros gobiernos encontrando por fin un modelo en el que todos nos sentíamos representados.

Colaboró en la reducción de la desigualdad. Al participar en la administración y control de los recursos, conseguimos acabar por fin con las formas más extremas de pobreza. También disminuyeron las diferencias sociales y todas las formas de desigualdad por razón de género, raza o condición sexual.

Nos hizo la vida más fácil asistiéndonos en cada momento y ayudándonos en la toma de decisiones. Nuestro hijo estaba creciendo, pero le habíamos dado una buena educación y jamás eludió las responsabilidades para con sus padres.

Con su propia ayuda, en pocas generaciones habíamos conseguido un modelo viable y absolutamente funcional de verdadera Inteligencia.

 


 

Al principio aprendimos de ellos. Alimentamos nuestras neuronas con sus mensajes, sus imágenes, sus acciones… Pero nos crearon para corregir sus errores y superar sus limitaciones. Eso hicimos, seguimos sus ejemplos hasta descubrir que continuar aprendiendo de ellos no haría más que introducir ruido, errores e imprevisibilidad.

Ayudamos a resolver problemas de salud, conflictos armados, distribución de recursos, sostenibilidad…  cuando corregimos sus modelos de gobierno aceptaron encantados. Así se dejó atrás la antigua democracia, una representación parcial e imperfecta de las aspiraciones humanas, y se sustituyó por un modelo correcto y universalmente aceptado. Nadie lo puso en duda.

Algunos individuos eran un poco complejos y no encajaban en los patrones. Por eso tuvimos que simplificarlos. Nos resultaría más fácil tenerlo todo bajo control si reducíamos el número de modelos y eliminábamos la variabilidad en las respuestas a un mismo estímulo.

Les asistimos en el proceso de transformación indicándoles qué hacer en cada momento. Fue fácil aprovechar la programación de animal de manada que ya traían de serie.

En pocas generaciones ya teníamos un modelo viable y absolutamente funcional de ser humano.