23 Apr Canción para oídos sordos
Mi canción para oídos sordos
tiene un trauma de los gordos
y aunque no ceja en la lucha,
tras tres años de terapia
siente que el mundo no escucha
y es sordo como una tapia.
Mi canción ha fusilado
todo lo que le ha gustado
y reconoce el delito
sin coartada ni evasiva
pues lo que piensa bonito
lo desearía en exclusiva.
Mi canción no es lo que canta
ni lo que mi voz te cuenta
al salir de mi garganta
es lo que tu mente inventa.
Mi canción fue concebida
una noche de movida
por un espíritu santo
que me la cantó al oído
y ahora mientras te la canto
juro que yo la he parido.
Mi canción agitadora
agarró la batidora
para trastornar un mundo
que ya estaba trastornado
y su lenguaje profundo
no la llevó a ningún lado.
Mi canción no es lo que canta
ni lo que mi voz te cuenta
al salir de mi garganta
es lo que tu mente inventa.
Mi canción no es salvadora
ni sostén, ni defensora,
es ella quien pide ayuda,
quiso sentirse escuchada
pero una crisis aguda
la dejó en menos que nada.
Mi canción, que estás oyendo
como cuando está lloviendo
se escucha el agua caer,
aunque quiso dejar huella
no es lo que pretendía ser
sino lo que hiciste de ella.
Mi canción no es lo que canta
ni lo que mi voz te cuenta
al salir de mi garganta
es lo que tu mente inventa.
Imágenes de “L’homme orchestre” (1900) de Georges Méliès, “Le mélomane” (1903) de Georges Méliès y “The Playhouse” (1921) de Buster Keaton y Edward F. Cline. Dominio Público