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La internet que queremos

He de confesarlo. Hay cosas que no me gustan en la internet que hemos creado. Y supongo que a ti te pasará lo mismo. Puede que no te conozca, pero es una deducción lógica. Todos encontramos cosas que no nos gustan del mundo, así que no iba a ser distinto con internet.

Paradójicamente, participamos en la construcción del mundo en el que vivimos aunque nos quejemos de él. Internet no es distinto, y aunque muchos creen que son otros quienes lo hacen, lo hacemos entre todos.

En el “mundo real” siempre me ha llamado la atención la forma en que mucha gente se queja de la enorme diferencia entre ricos y pobres. Normalmente se lamentan los pobres, los ricos no suelen protestar por sus privilegios y justifican su posición en supuestos méritos propios. Pero esa queja casi nunca va acompañada de un intento de cambiar las cosas, sino de un deseo de cambiar de posición, lo que de ninguna manera acabará realmente con esa desigualdad.

Humanos y ornitorrincos

Por regla general, quien se queja de ser pobre no desea acabar con la injusticia, sino con su pobreza. Desea estar en el lugar del rico, por lo que es habitual que proyecte sus ilusiones en juegos de azar, un negocio redondo, un golpe de fortuna… De esta forma inconsciente, reconociendo el valor de lo que el rico tiene y su deseo de alcanzarlo, el pobre le está dando muchísimo más poder.

A estas alturas pueden haber pasado varias cosas: Podrías haberte perdido y estar preguntándote… ¿pero qué tiene que ver ésto con internet? También podrías pensar que lo que he dicho hasta ahora no es más que un conjunto de obviedades, o incluso peor todavía, un conjunto de tonterías o conclusiones ilógicas.

Pero sigamos… lo que conté antes sobre ricos y pobres tiene muchas semejanzas con cosas que hacemos en la web y que vuelven a demostrar lo absurdos y contradictorios que podemos ser los humanos. ¡Y luego nos parecen raros los ornitorrincos!

Mucho poder y pocas manos

Uno de los principales responsables de la internet que conocemos, Tim Berners-Lee ha expresado en múltiples ocasiones su descontento con el monstruo en que se está convirtiendo la web: básicamente un gigantesco mecanismo de control y espionaje en manos de unos pocos. Nada que ver con la idea original de una web descentralizada que iba a diluir el poder de los estados o con la utopía del conocimiento compartido.

A mucha gente puede horrorizarle el poder que se está depositando en unas pocas compañías privadas. Pero al igual que el pobre que ansía ser rico en lugar de querer cambiar las cosas, seguimos alimentando esa desigualdad.

Dando de comer al monstruo

Cuando uno coloca el código de Analytics en su web, aunque pueda parecerlo, lo que está haciendo no es obtener información sobre las visitas que recibe ni sobre los hábitos de sus usuarios. Realmente es al revés: se los está dando a Google, cuyos medios si que le permiten analizarlos en profundidad y extraer un conocimiento extremadamente valioso de manera absolutamente gratuita. El usuario de Analytics solo obtiene una información parcial y segmentada, unas pequeñas migajas a cambio de alimentar al monstruo. Para ello, a modo de troyano consentido, tiene que colocar el código espía de Google. Le abrimos la puerta al vampiro y le concedemos permiso para entrar.

Otros “servicios” no son muy diferentes de lo anterior. Si usas Gmail, Google tiene tu correo, si usas sus aplicaciones de negocios tiene tus documentos. Monitoriza lo que ves, lo que haces y dónde vas…

Muchos actúan como si los intereses de Google fueran absolutamente filantrópicos, creyendo ingenuamente que les mueve el bien común. Pero cualquier análisis de sus estrategias deja bastante claro que la compañía, la más valorada del mundo en la actualidad, no es más que el hijo más avanzado del capitalismo. Y sus sistemas de control del individuo hacen que cualquier autoritarismo sea un juego de bebés . ¿Es realmente ésta la internet que queremos?